EL NIÑO REY

diciembre 23, 2011 aidegdev

 

De rodillas ante el altar suplicaba el niño sabiduría para reinar con justicia y paz a su pueblo. Sentía ya sobre sus pequeños hombros todo el peso de la soledad heredada con el poder.

- ¿Qué haré Señor? ¿Por dónde empezar? Pues mientras mis consejeros me dicen que está el reino en su esplendor, yo percibo una diferencia notable de sus palabras a la realidad; pero me siento impotente y cobarde para hacer frente a esta gente gobernante que me acompaña. Dame valor, dame sabiduría; se generoso con tu pueblo y yo sea tu vehículo para llegar a ellos y los llenes de alegría, paz y prosperidad.

En seguida se acercó su más cercano colaborador e interrumpiéndolo con mucho tacto, le musitó algo al oído; Eupátor asintió con la mano pidiendo lo dejara un instante más a solas. Salió el asistente pidiendo a su vez un poco de tiempo a la concurrencia: aunque las grandes personalidades del reino estaban desesperándose por la falta de cortesía para ellos por parte del chamaco.

-                  Si no fuera porque espero una gran bonanza en mis ya de por sí, prósperos negocios, a la sombra de mi muy estimado mocoso, ¡Seré inmensamente rico y poderoso! ¡Ay qué suerte! Esta es mi oportunidad, ahora sí no habrá impedimento para mis grandes proyectos: venderé sin restricciones, explotaré esas minas y a esos mugrosos de paso y de una buena vez; dejarme de tantos miramientos, que si hay derrumbes, que si se inundaron, que si se intoxicaron; ¡qué se yo!, de las niñerías que pretextan con tal de no trabajar como se debe. Pero ya les enseñaré …

-                  Mi querido Alisa nunca cambiarás. Por eso me caes bien y además tengo la garantía de que a tu lado, yo también seré beneficiada. Aunque no aspiro a tanto, digamos, simplemente pido vivir con comodidad, sin sobresaltos, y dejar para mis descendientes asegurada, la misma fortuna.

-                  Pues sí que se conforman con bien poco teniendo enfrente las arcas abiertas y con un niño custodiándola. A mí me llama poderosamente la corona y el cetro, es más; ¡Los quiero! ¡Qué más da! Sería como quitarle la paleta al nene.

En ese momento se escucho la voz del asistente Pako anunciando a Eupátor, el cual se encontraba de pié en el arco de la puerta principal. Eran pocos dentro de la estancia pertenecientes a la chusma, no así las personas principales de aquel lugar. Era estruendosa la ovación, los vivas, comenzó la música, los saludos; de uno en uno pasaban frente a él deseándole parabienes, larga vida. Los campesinos, las costureras, veían desde el fondo del recinto los acontecimientos, pendientes de sus señores, sus ropas, sus ademanes. Todo era felicidad hasta que se le acercó un guardia a prisa al muchacho y este salió enseguida acompañado de un puñado de los asistentes; afuera lo esperaban tropas, se unió a ellas y tomando el lugar al frente salieron de la ciudad a galope.

 

 

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Entry Filed under: Cuentos,novelas,política

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