VIAJE A EURPOA IV

Teníamos contratada la excursión al Palacio de Versalles al siguiente día, -muy lluvioso por cierto-. Todavía alcancé a recorrer las enormes instalaciones, pero ya con los síntomas cada vez más acentuados de la gripa. Fue un derroche absoluto de ostentación de todo lo visto hasta aquí y posteriormente: oro por doquier -o algo muy semejante, porque era igualito- incrustado en las monumentales puertas del palacio, por ejemplo, pero también de otros edificios, en un sinfín de elaborados techos; al igual que formando grandes enrejados, como el de la misma dicha residencia; así como en varias cúpulas exteriores de inmuebles, en las gigantescas estatuas; siendo lo más atractivo obviamente a ojo de buen cubero; pero las pinturas, los gravados, los relieves, las esculturas, los monumentos, las edificaciones, cada objeto; los trabajos de antaño en fin, eran, -y siguen siendo-, verdaderas obras maestras; contrastando un poco a veces, o muchas otras tantas, sobre todo si se les compara con las actuales creaciones, tal vez pocas por acá; desde los grandes espacios, colosos enormes ocupando el reducido lugar ahora del centro de las poblaciones europeas, pues los habitantes -se aprecia- tienen espacios para vivir limitados y costosos en departamentos o casas pequeñas. Hasta cierto punto se me hace una injusticia que personas que ya tiene mucho tiempo dejaron de existir, sigan ocupando con sus creaciones, un espacio que podrían aprovechar los nuevos dueños (se supone) de aquellas tierras. Pues nos regresaron al hotel relativamente temprano, cuestión que aproveché para tratar de reponerme, pero antes de descansar toda la tarde en el diminuto cuarto y ver un poco de las olimpiadas fuimos a comer nuevamente al centro comercial, esta vez comida china, de buen sabor y más o menos higiénica. A Alfonso le dio claustrofobia casi para oscurecer, deprimiéndose también por el clima y mi estado deplorable, pero salió en dos ocasiones para consultar al guía sobre cómo conseguir consulta y nuestro retorno a México (y como no lo encontró debimos a la mañana siguiente salir al viaje como si nada); sirviéndole de distracción para dormirse resignadamente y en paz ¡Ah! pero también nos ocupamos esa tarde en acomodar nuestras más indispensables pertenencias en una bolsa de mano, pues nos advirtió el guía con anterioridad que en los próximos hoteles no cabríamos en el elevador con todo y maletas, por lo que estuvimos unos días, voluntariamente a fuerzas, ocupando lo estrictamente necesario de nuestro equipaje -creo que ni en los veinte años que estuve en el ejército me había sentido tan guacha (soldado)-.

El sábado fue el día que hicimos el recorrido más largo (todo el día), teniendo una única escala en Chamonix, no sé a qué país o ciudad pertenece, y la verdad ni me importa; donde tuvimos media hora, creo, para comer algo, que fue para nosotros una rebanadota de pizza y una hamburguesa, refrescos. Primero nos habíamos sentado en un restaurte de tantos porque se veía acogedor, pero la mesera estando desocupada y viendo que estábamos esperando que se nos tomara la orden, se puso a recoger y limpiar con toda calma una mesa que acababan de desocupar; a mí me dio pena porque había otros comensales que se dieron cuenta de la deliberada falta de atención de la empleada hacia nosotros, saliéndonos a buscar entonces un mejor ambiente y algo rápido, pues se nos fueron allí algunos minutos esperando el servicio. Hace muchísimo frío en ese lugar, incluso acuden a esquiar. Llegamos como a las diez de la noche directamente al hotel de Turín, donde el clima era cálido; yo solo quería acostarme, quedándome dormida enseguida -después de pasar por el zafarrancho de la repartición de habitaciones-; solo que al levantarme al baño, tuvo a bien comenzar a sangrarme la nariz furiosamente, creo por el mal humor que traía, en varias ocasiones; logrando contenerla un rato pero de nueva cuenta apareciendo, colocándome entonces papel sanitario humedecido en la frente; ya preocupada y enfadada, cansada, llorando de impotencia ante la indiferencia de Alfonso, igual de fastidiado; recostándome a su lado permaneciendo despierta, aunque con sueño, un rato largo, vigilando la ansiada coagulación; dormitando me llegó el alba.

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